Medios

Eduardo Ruiz Healy y el periodismo al estilo “me vale madres”

Los programas informativos que hay en el espectro de la radio y la televisión en nuestro país son muchos y cada uno tiene su particular estilo de realización;  hay desde aquellos que tienen un formato apegado a los cánones tradicionales y otros más que han roto los parámetros para crear una expresión más inusual. Para el caso de los tradicionales tenemos el ejemplo del programa de Jacobo Zabludovsky, y para el otro estilo, podemos poner de muestra al programa de brozo de Víctor Trujillo. En medio de este abanico se ubican otros formatos con características que tienden hacia cualquiera de estos dos parámetros.
 
(Imagen tomada de la Pagina No. 66 del informe que se encuentra en el portal http://www.normatividaddecomunicacion.gob.mx ( Cantidad miles de pesos)
Sin embargo la forma y el fondo en el periodismo deben amoldarse, desde nuestro punto de vista,  a varios criterios. A saber: la ética, la honestidad, el rigor metodológico de investigación y la veracidad. Derivado de esto, sólo quedan dos tipos de programas informativos: los probos y los corrompidos.
 
Hoy quiero hacer un breve comentario sobre el programa de radio del Sr. Eduardo Ruiz Healy  con motivo de la respuesta que nos dio al preguntarle si  recibe dinero del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. El motivo del cuestionamiento obedece a que en el portal www.normatividaddecomunicacion.gob.mx (Pag. No.66)  aparece su nombre (entre muchos  otros conocidos periodistas) como receptor de la cantidad de $2,078,000.72 por concepto aun no aclarado.
 
La respuesta al aire que dio, confirma que su estilo periodístico tiende a lo prosaico, y que con mucho oficio, sabe manejar los” chacos verbales” para agredir a sus interlocutores. No obstante, haremos a un lado su clase “periodística”,  y nos ocuparemos del fondo de este asunto.
 
Revisando al azar un sin número de programas del Sr. Ruiz hemos podido observar que  frente a los temas importantes del país, práctica un periodismo apocado que se queda en los lindes de las posiciones oficiales;  y frente a los hombres importantes de poder que lo gobiernan, es suave, condescendiente, amigable y retraído.
Tomemos como ejemplo el programa del día de ayer.  Su atribuido periodismo combatiente y crítico, se enfocó en hablar  “a toro pasado” de dos ex gobernadores corruptos, para el caso Yarrington y Granier.
 
La pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿Por qué no asume esa filosa actitud cuando los gobernantes están ejerciendo sus funciones? ¿Por qué no cuestiona al gobernador Eruviel Ávila y le pide respuestas a tiempo sobre la violencia que azota al Estado de México? ¿Por qué en lugar de indignarse por lo que pasa en Venezuela mejor se enfada por el aumento de homicidios y secuestros en México? ¡Ah! Dirá que si lo ha hecho.
 
Pero pidámosle más, ¿por qué no entrevista a Manuel Mondragón para saber los motivos reales de su renuncia? No, eso ya es pedirle mucho porque su programa de radio no está hecho para tal fin; revisando bien su formato, sólo alcanza para darle una pasadita a cada evento noticioso sin ir más allá de una charla con sus colaboradores, cuya única función es hacerle eco a sus palabras. Para que hacer periodismo de investigación si con el tipo de noticieros como el del Sr. Ruiz Healy alcanza para que el gobierno federal le pague $2,078,000.72; para que molestarse si lo único que le falta a esa mesa de periodistas es tener una chelas bien frías.
 
Que podemos decir de respuestas como: “si a ti no te pagan”, “¿Quién es este cuate de en la politika?”, etc.  De la primera es oportuno mencionar que a nosotros nos mueve el deseo de lograr que en México se acabe la corrupción y la complicidad que hay entre algunos medios de comunicación  y el gobierno. No estamos en contra de que los periodistas se ganen la vida honradamente ejerciendo su profesión, sino del modus operandi que algunos individuos han estructurado para lucrar sin medida con el periodismo.  Por último, somos ciudadanos comunes que no nos mueve el “ego”, y por ello no nos interesa hacernos  de una personalidad.
 
Preferimos vivir con nuestra conciencia tranquila en concordancia con valores éticos, que vivir a costas de sangrar al erario público con una conciencia abyecta y una actitud cínica al estilo “me vale madres”.
 
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